¿Cuánta economía debe saber el traductor?

La adquisición de conocimiento temático para la traducción

By Cristina Gelpí (Universitat Pompeu Fabra, Catalunya)

Abstract & Keywords

English:

The acquisition of expert knowledge remains a topic of debate in the teaching of economic content for translation. It is obvious that thematic knowledge is needed to accurately translate economic texts, and that the absence of such knowledge is the main reason for conceptual translation errors in non-specialist translators. But the conceptual approach to thematic knowledge does not always appear to be efficient for a non-economist translator. This contribution moves away from conceptual positions and argues that the thematic competence that a translator must acquire is limited to the economic text and not to the economic field. It proposes the use of two learning strategies to ensure that the non-specialist translator can acquire the necessary economic knowledge to translate economic texts. On the one hand, we suggest the identification of thematic translation units that appear in the text, supplemented with neighboring concepts and lexical family items. With these elements the translator avoids confusion between very close concepts and obtains a lexical map of the text. On the other hand, we propose the use of Q-explanation as a strategy for identifying the essential and accidental features of complex thematic units included in a text. This strategy allows the translator to acquire the thematic knowledge required for translation. The use of these two strategies is proving to be successful in teaching content in economics for non-specialist translators.

Spanish:

La adquisición de conocimiento experto continúa siendo un objeto de debate en la docencia en traducción especializada. Es una obviedad afirmar que el conocimiento temático es necesario para traducir de forma eficaz textos económicos, y que la ausencia de este tipo de conocimiento es la causa principal de los errores conceptuales de traducción en traductores no especialistas. Pero la aproximación conceptual a la competencia temática no siempre es eficiente para que un traductor no economista adquiera competencia temática para la traducción. Esta contribución se aleja de posiciones conceptuales de la adquisición de la competencia traductora y defiende que la competencia sobre economía que debe adquirir el traductor no especialista se reduce al tema del texto que traduce. Para ello, propone la utilización de dos estrategias de aprendizaje complementarias. Por un lado, la identificación de las unidades temáticas traductológicas que aparecen en el texto, que se complementan con las unidades que forman las comunidades de vecindario y las familias operacionales que permiten evitar la confusión de conceptos vecinos a la vez que dan un mapa léxico del tema del texto. Por otro lado, propone la Q-explicación como estrategia que permite identificar los rasgos esenciales y accidentales de las unidades temáticas complejas que se encuentran en el texto económico y delimitan la cantidad de conocimiento temático que debe adquirir el traductor para evitar el error en traducción. La utilización de estas dos estrategias está dando buenos resultados en la adquisición de la competencia temática en traductores económicos en formación.

Keywords: thematic translation unit, non-specialist translator, specialized translation, thematic competence, unidad traductológica, competencia temática, traductor no especialista, Traducción especializada

©inTRAlinea & Cristina Gelpí (2015).
"¿Cuánta economía debe saber el traductor?"
inTRAlinea Special Issue: New Insights into Specialised Translation
Edited by: Daniel Gallego-Hernández
This article can be freely reproduced under Creative Commons License.
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1. La competencia temática para la traducción

La naturaleza de la traducción económica exige obviamente que el traductor posea cierto conocimiento temático. Sin este conocimiento, la denominada competencia temática, la garantía de la fidelidad conceptual de la traducción queda perjudicada y se incrementa exponencialmente el error conceptual en la traducción.

La competencia temática ha recibido la atención por parte de la bibliografía desde puntos de vista distintos. En términos de la ubicación de esta competencia, se pueden distinguir dos tipos de aproximaciones: las que tratan la competencia temática dentro de los distintos módulos que conforman la competencia traductora (entre otros la norma europea UNE-EN 15038; Presas 2000; PACTE 2001), y las que tratan la competencia temática como competencia autónoma en su modelo de descripción (entre otros Monzó 2002; Kelly 2002 o Valderrey 2005). Para los efectos del análisis de la adquisición de la competencia temática son especialmente útiles los modelos que la singularizan porque permiten enfatizar en la idea que la competencia temática del traductor es distinta de la competencia temática del experto (Monzó 2002; Valderrey 2005).[1]

Las aproximaciones que singularizan la competencia traductora tienden a optar por propuestas didácticas macrocomparadas. Ofrecen así al traductor en formación un saber sistémico operativo de orden comparado generalizable. Estas aproximaciones conceptuales están a la base de la mayoría de posiciones que comparten la idea que el traductor debe tener conocimientos “básicos” del campo conceptual en el que traduce, conocimientos equivalentes a la competencia que tiene el especialista en una materia desde el punto de vista de la comprensión (Gallardo 1999). Una de las consecuencias de este tipo de aproximación es la selección de contenidos en la formación, dirigidos especialmente al trabajo macroestructural. En términos de programación de materias de traducción económica, podemos observar con frecuencia el desarrollo de contenidos del tipo introducción a la ciencia económica, términos y relaciones macroeconómicas fundamentales, problemas económicos y la política económica, términos y relaciones microeconómicas fundamentales, la empresa como organización. El objetivo de una formación que promueva este tipo de contenidos es asegurar que el traductor adquiere las competencias necesarias para identificar y comprender contenidos económicos con la finalidad de aplicarlos a la traducción. Por ello, la formación reduce a mínimos generales el conocimiento económico: mercado, economía real y monetaria, contabilización de la producción, relaciones internacionales, ciclos económicos, entre otros, suelen ser los contenidos conceptuales que se incorporan a las asignaturas de grado en España.

Estas aproximaciones conceptuales a la adquisición de la competencia temática son sin duda útiles porque con ellas el traductor puede adquirir un primer nivel de conocimiento económico de tipo macroestructural, necesario para identificar algunos elementos esenciales del campo conceptual. Pero si bien el análisis macrocomparado de la materia reduce la complejidad de temas de estudio, tiene a nuestro modo de ver un inconveniente fundamental: exige al traductor que adquiera un conocimiento global sobre la materia, cuando su necesidad conceptual no es global sino parcial.

Haciendo nuestra la afirmación de Monzó (2008), “la responsabilidad del traductor al enfrentarse a un texto debe llevarlo a una comprensión excelente de lo que traduce para poder transmitirlo a una nueva audiencia”, entendemos que para llegar a la comprensión excelente de lo que traduce el traductor no necesita un conocimiento global de la materia, sino un conocimiento del contexto más inmediato del tema del texto que traduce. El conocimiento global de la materia es propio del especialista y, desde nuestra posición, el traductor no economista no es un especialista entre otros motivos porque no tiene la competencia temática que tiene el especialista.[2] En lógica correspondencia, si la competencia temática del traductor no es la misma que la del especialista es necesario que la formación del traductor se estructure en función de sus necesidades, y no en función de las necesidades de un especialista.

Valorada globalmente, la aproximación macrocomparada a la economía tiene su interés indudable, pero orienta la competencia temática a la adquisición de conocimiento experto de igual modo que adquiere el conocimiento experto un especialista en la materia. Y el traductor especializado no especialista no es un experto ni debe intentar parecerlo. Siguiendo a Mayoral (2005), si un traductor quiere tener el mismo conocimiento temático de la economía que un economista, la solución no es incorporar a su formación una reducción (necesaria) de la materia económica; si un traductor quiere tener un conocimiento global de la economía, como lo tiene un economista, seguramente será más práctico y mejor que estudie economía.

Además, exigir al traductor que domine la economía como lo hace el economista (aunque sea desde posiciones de mínimos que le exigen una supuesta competencia de comprensión), implica necesariamente que la traducción económica no pueda ser realizada por traductores sino que deba ir a cargo de especialistas. Esta afirmación nos lleva al debate ya conocido sobre quién debe realizar la traducción especializada (si el especialista o el traductor). No nos ocupamos en este momento de esta cuestión y adoptamos la posición de Alcaraz (2004), quien afirmaba que, mientras la haga bien, da igual quien la lleve a cabo; pero reafirmamos que el traductor debe tener un conocimiento suficiente de la economía que se incluye en los textos que traduce y constatamos que el traductor no especialmente formado en economía no suele tener suficientemente desarrollada esta competencia.

En resumen, para realizar una traducción económica, el traductor debe adquirir conocimiento de la materia económica, sin duda, pero desde nuestro punto de vista no debe poseer el conocimiento económico de la ciencia económica en versión reducida, sino el conocimiento profundo del contenido del texto que traduce.

Y desde este punto de vista, parece necesario desarrollar estrategias docentes que contribuyan a mejorar la comprensión del texto y por medio de las cuales el traductor desarrolle su competencia temática.

2. La unidad temática traductológica como estrategia para la comprensión del tema del texto

Situado en el límite del texto económico como objeto de trabajo, el traductor no especialista en economía debe enfrentarse a la comprensión del texto que debe traducir. Para ello, debe delimitar el tema del texto,[3] y con la delimitación temática el traductor obtiene una representación del texto (Elena 2011). Para delimitar el tema del texto puede usar, entre otras, las unidades temáticas traductológicas, que pueden complementarse con las comunidades de vecindario y las familias operacionales (Cornu 2000).

Consideremos el siguiente ejemplo: un traductor no economista debe traducir el texto siguiente, texto producido por un despacho de asesores financieros que quiere publicar sus textos explicativos en catalán:

Acciones preferentes.
Son valores mobiliarios emitidos por las entidades financieras para obtener liquidez y, junto con la deuda subordinada, se consideran un híbrido de capital social pues ni son exactamente deuda exigible ni generan derecho a voto y aunque a diferencia de las acciones ordinarias ofrecen a sus titulares una remuneración predeterminada, ésta no está garantizada sino condicionada a la obtención de beneficios por parte de la entidad emisora, (situación que no siempre se explica correctamente al futuro inversionista). Sobre todo no tienen vencimiento predeterminado aunque el emisor puede acordar la amortización o la recompra pasado un plazo de por lo menos cinco años desde la adquisición ello hace que el inversor no pueda planificar cuando recuperará su inversión inicial.
Fuente: http://navascusi.com/wp-content/uploads/pdf/participaciones_preferentes.pdf

Para comprender el texto, el traductor debe identificar por lo menos los siguientes tipos de unidades:

  • Los términos, estrictos y clásicos, aislados: entre otros, acciones preferentes, valores mobiliarios, liquidez, emisor, inversor, amortización, recompra.
  • Las formas verbales con las que se combinan ciertos términos: entre otros, emitidos por las entidades financieras, obtener liquidez, generan derecho a voto, ofrecen una remuneración, puede acordar la amortización
  • Las unidades más complejas que un término (simple o complejo) cuyo significado tiene obviamente relación con los términos que incluye pero que solamente se puede descodificar (adquirir significado concreto) en el límite del texto que se traduce, y que aquí denominamos unidades temáticas traductológicas: entre otros, ni son exactamente deuda exigible ni generan derecho a voto, puede acordar la amortización o la recompra, (está) condicionada a la obtención de beneficios por parte de la entidad emisora.: ni son exactamente deuda exigible ni generan derecho a voto, puede acordar la amortización o la recompra, (está) condicionada a la obtención de beneficios por parte de la entidad emisora.

Identificar bien estos tres tipos de unidades es esencial, y parece que no es suficiente que el traductor adquiera solamente la terminología estricta, porque lo que le generará problemas de traducción no es prioritariamente la terminología convencional, sino especialmente las formas que aparentemente son asequibles porque coinciden con palabras de la lengua que el traductor conoce (emitidos, generan, ofrecen, puede acordar). La aparente ausencia de opacidad conceptual de una unidad de traducción es una de las causas principales de error en la traducción de este tipo de textos. La opacidad total, en cambio, genera un obstáculo para el traductor no especialista, con lo que en cierto modo no constituyen unidades a priori causantes de errores (el traductor que no sabe lo que significa acción preferente o valor mobiliario suele tener estrategias para delimitar bien los conceptos). Siguiendo el ejemplo de Mayoral (2005), una buena delimitación y unas buenas fuentes de documentación suelen ser suficientes para que el traductor adquiera el conocimiento sobre este tipo de unidades.[4]

Las unidades traductológicas más complejas, tanto desde el punto de vista de la identificación como de la delimitación conceptual, son las unidades temáticas traductológicas. En cierto modo, las unidades traductológicas a las que nos referimos pueden ser asociadas a las unidades de conocimiento especializado (UCE) delimitadas por Domènech (2006), es decir, a aquellas unidades portadoras de conocimiento especializado que pueden adoptar formas distintas (una palabra, un sintagma, una frase, una forma truncada o una forma del lenguaje artificial). Y desde el punto de vista cognitivo, estas unidades se pueden relacionar con la noción de nudo de conocimiento propuesta por Cabré (2002), en el sentido que el nudo de conocimiento presenta tres propiedades: riqueza informativa, densidad cognitiva y complejidad conceptual.

De forma resumida, estas unidades se pueden caracterizar por los rasgos formales siguientes:

  • No se incluyen en repertorios léxicos (ni generales ni especializados);
  • Suelen ser más largas que una palabra o un sintagma simple;
  • Muestran un grado concreto de opacidad (pueden ser opacas completamente, parcialmente o aparentemente claras);
  • Están formadas por conceptos y son fragmentables en unidades más pequeñas;
  • Suelen estar formadas por estructuras verbales (o deverbales) en el límite de una frase;
  • Adoptan un sentido concreto en el texto, pero adoptan un sentido que va más allá de la suma de sentidos de las unidades conceptuales que las forman;
  • Su sentido preciso se puede delimitar a partir de preguntas Q realizadas contra el núcleo verbal;
  • Podrían coincidir fácilmente con los segmentos de una memoria de traducción generados por un sistema de traducción asistida por ordenador.

El traductor, en efecto, construye un modelo mental de la situación descrita en el texto, que podemos asociar al tema del texto, y lo puede construir en parte a partir de la identificación de las unidades temáticas traductológicas. Sobre este mapa mental inicial, puede utilizar dos estrategias más, que le servirán tanto para evitar confundir conceptos próximos conceptualmente, como para identificar conceptos próximos del campo conceptual de la economía que se reflejan en el texto. Nos referimos a las comunidades de vecindario y las familias operacionales (Cornu 2000).

En las comunidades de vecindario los términos (o expresiones densas conceptualmente) se agrupan en familias y constituyen campos de referencias. Los sentidos de los términos vecinos son próximos y, justamente, son potencialmente una fuente de error de comprensión para el traductor. Comparar los vecinos con la finalidad de distinguirlos tanto como sea posible evita la confusión y el solapamiento de sentidos. En nuestro ejemplo amortización y recompra son vecinos de comunidad.

En cuanto a las familias operacionales, se plantean en Cornu (2000) como vocabulario de operaciones. Una familia operacional está constituida por las distintas manifestaciones léxicas alrededor de un mismo concepto. Se diferencian de los vecinos de comunidad porque aquéllos son propensos a ser confundidos y justamente la misión del traductor es evitar confundirlos. En el caso de las familias operacionales, el efecto que se persigue es el contrario: son unidades con vocación de ser asociadas a un mismo enunciado. El objetivo no es diferenciarlas para elegir la más adecuada, sino tenerlas en cuenta para tener la visión global del tema. En nuestro ejemplo emitidos, generan, ofrecen forman parte de la familia operacional de las acciones preferentes.

Siguiendo a Cornu (2000: 209), los conjuntos léxicos permiten ver el vocabulario (económico en nuestro caso), reflejo de la estructura del sistema económico, no como un inventario, sino como una red. Y esta es la noción clave: el conocimiento de una red. Esta expresión en forma de red es lo que permite que un traductor haga el mapa de un tema, identifique los elementos esenciales que necesita conocer para traducir un texto concreto.

En síntesis, identificar las unidades temáticas traductológicas, considerar las comunidades de vecindario y las familias operacionales que intervienen en un texto se perfila como un primer instrumento útil para que el traductor no especialista delimite el tema del texto económico que debe traducir.

3. La Q-explicación como estrategia de comprensión del texto

El tipo de unidades que genera dificultades de comprensión para un traductor es variado y la adquisición del conocimiento temático de estas unidades temáticas de traducción se realiza con estrategias diversas (desde el resumen de contenidos, a la paráfrasis o a la documentación de textos pertinentes, entre otros).

Como es sabido, una de las formas convencionales por medio de la que se adquiere el conocimiento temático es la definición. La definición, entendida como fórmula que codifica el sentido de una unidad, recoge los rasgos esenciales y accidentales de un concepto. Entre los distintos tipos de definición (Larivière 1996), todo apunta que la que puede entender un traductor no especialista es la que es menos densa conceptualmente que el concepto que define; es decir, el traductor comprende bien las definiciones que no contienen conceptos desconocidos, las definiciones denominadas habitualmente como semasiológicas, que son las que se deberían encontrar en los diccionarios de orientación general y sincrónica. En cambio, el traductor no especialista tiene dificultades para comprender definiciones orientadas conceptualmente (onomasiológicas), básicamente porque suelen ser más densas conceptualmente que el concepto que definen. En estos casos, el traductor necesita hacer búsquedas complementarias para comprender bien el significado de las unidades que forman parte de la definición que consulta.

Otra forma con la que el traductor adquiere conocimiento es por medio del texto explicativo: un manual que explique un concepto, un artículo de enciclopedia amplio, una resolución terminológica que tenga la función de describir de forma generosa los límites de un concepto son textos claramente útiles para el traductor. Los textos explicativos tienen la función de delimitar nociones y lo hacen para unas unidades situadas en un contexto delimitado. Es decir, delimitan nociones en contexto, y atribuyen el sentido de las unidades de acuerdo con el contexto en el que se encuentran, y no lo hacen de forma abstracta o descontextualizada. A la vez, los textos explicativos no adoptan la forma típica de la definición lexicográfica o terminográfica (la definición aristotélica por excelencia), sino que se construyen sobre la base de la adición de características, que se organizan en forma de capas de especificidad distintas.

En el caso que nos ocupa, la explicación se muestra como un recurso útil y válido especialmente para descodificar el sentido de unidades temáticas traductológicas del texto económico. La forma que puede adoptar una explicación es diversa, pero en todos los casos es posible describir el contenido de una unidad traductológica a partir de la respuesta a preguntas estratégicas. En concreto, la explicación de una unidad traductológica se puede articular alrededor de la respuesta a preguntas denominadas Q (las más habituales: quién, qué, cómo, cuándo, dónde, por qué). El uso de la Q-explicación (es decir, explicación formulada a partir de preguntas Q) se muestra especialmente útil para favorecer el desarrollo de la competencia temática entre traductores no especialistas.

Las preguntas, que deben formularse contra la forma verbal a la que complementa la unidad temática traductológica, pueden ser distintas. Es posible explicar el significado de la unidad traductológica con menos preguntas y según la función sintáctica que tenga la unidad dentro del texto es posible repetir preguntas y añadir otras (con quién, con qué). En todo caso, la explicación de una unidad traductológica realizada por medio de preguntas Q garantiza que se obtengan los rasgos esenciales de la unidad, que se eviten las confusiones con los vecinos semánticos, y a la vez es suficiente para asegurar una buena comprensión de los nudos conceptuales de un texto.

A modo de ejemplo, sobre la unidad temática traductológica mencionada más arriba puede acordar la amortización o la recompra, podríamos realizar la Q-explicación a partir de las respuestas a las siguientes preguntas:

- ¿Quién puede acordar?
- ¿Qué acuerda?
- ¿Qué se puede acordar amortizar o recomprar?
- ¿Qué diferencia la amortización de la recompra
- ¿Cuándo se puede realizar la amortización o la recompra?
- ¿Cómo se acuerda la amortización o la recompra?
- ¿Qué tipos de amortización existen?
- ¿Qué consecuencias tiene la amortización o la recompra para el inversor?

La respuesta a estas preguntas asegura una comprensión global y suficiente de la unidad temática traductológica y evita la confusión entre vecinos de comunidad. Por ello el traductor mejora su competencia temática traductora (aplicando esta estrategia debe formular preguntas y obtener respuestas sobre elementos que no conoce) y, de forma especial, orienta la búsqueda de información complementaria (porque centra la búsqueda de información complementaria no en una unidad concreta sino en una unidad más amplia).

Las primeras experiencias de implementación de esta estrategia en cursos de traducción económica de nivel de grado muestran una mejora clara en la competencia traductora de traductores en formación. La adquisición de este conocimiento temático redunda en una disminución explícita de errores conceptuales de traducción y en una eficiencia superior en la búsqueda de información temática por parte del traductor. En espera de resultados cuantitativos, observamos que la Q-explicación es una técnica útil para mejorar la competencia temática del traductor en formación.

4. Conclusiones

Los modelos de análisis de la competencia traductora que se han propuesto son útiles pero quizás no suficientes para explicar la cantidad y el tipo de conocimiento económico que debe adquirir el traductor, y menos todavía el traductor especializado no especialista. Ante el argumento común y compartido que el tipo de conocimiento temático que necesita el traductor es distinto del conocimiento que posee el experto, disponemos de propuestas que distinguen el conocimiento que posee el experto frente al conocimiento temático que debe adquirir el traductor. Estas propuestas, aunque utilísimas, optan por la adquisición de la competencia temática global y no parcial, centrada en la materia y no en el tema del texto que se traduce.

El conocimiento temático que debe adquirir el traductor se concentra en el texto que traduce, y no se extiende a la materia global con la que trabaja. Esta diferencia es significativa, porque implica un cambio de perspectiva respecto a modelos que sugieren que la competencia temática que necesita el traductor es equivalente a la comprensión temática que tiene el experto en una materia. Y en este sentido es importante destacar que el conocimiento temático significativo que el traductor necesita para traducir es el que evita que confunda conceptos vecinos, y no directamente el que le permite identificar conceptos de un campo de conocimiento.

Siguiendo esta línea argumental, la competencia traductora del traductor en formación mejora claramente con la utilización de dos instrumentos que se desprenden del texto mismo: por un lado, con la identificación de unidades traductológicas y, por otro lado, con la explicación formulada con preguntas Q.

En cuanto a la identificación de unidades, son fundamentales las unidades temáticas traductológicas, que se complementan con sus vecinos de comunidad y las familias operacionales. Identificar las unidades es esencial para evitar confundir conceptos próximos. En cuanto a la Q-explicación, se perfila como una técnica claramente útil para adquirir conocimiento temático, pues con las preguntas y las respuestas que el traductor obtiene consigue fácilmente identificar los rasgos esenciales y accidentales del tema del texto que traduce, a la vez que orienta la búsqueda de información en fuentes externas.

El trabajo realizado hasta el momento con estudiantes de grado en traducción e interpretación económica muestra que estas dos estrategias contribuyen claramente a mejorar la competencia temática del traductor en formación.

Referencias

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Notas

[1] En esta línea, las propuestas que defienden por ejemplo que el traductor debe adquirir saberes declaritivo, procedimental y capacidad de colaboración interprofesional (Valderrey, 2005) parecen especialmente interesantes para el docente en traducción.

[2] Sin querer ahundar en este momento en esta cuestión, parece que podemos relacionar este tipo de conocimiento con el tipo de traductor (seguramente el economista formado estará en un nivel 7-8 del Marco Europeo de Cualificaciones para el aprendizaje permanente, mientras que el traductor estará en un nivel 2-3), pues la diferencia entre los dos profesionales puede relacionarse con el grado de independencia que tienen del texto: el especialista tiene un conocimiento externo, al margen del texto; el traductor, no; lo tiene limitado al texto, del que depende. Y en la misma línea se podrían situar las descripciones de los estadios de adquisición del conocimiento experto (Dreyfus y Dreyfus 1986).

[3] Desde el punto de vista del tema del texto, compartimos lo supuestos sobre los niveles de comprensión que propone Elena (2011), cuando distingue entre la comprensión literal, la comprensión organizativa y la comprensión inferencial. En la comprensión inferencial especialmente, se construye el modelo mental de la situación descrita en el texto, basándose no solamente en lo que el texto aporta, sinó también en los conocimientos previos (y posteriores, añadimos) relacionados con el tema que el lector tiene almacenados y que aplica al texto elaborando una representación mental del mismo.

[4] No nos ocupamos en esta ocasión sobre la pertinencia de las herramientas y los recursos que utiliza el traductor para adquirir conocimiento temático, pero no queremos dejar pasar esta ocasión para reafirmar que todavía no disponemos de diccionarios y otros repertorios léxicos concebidos para resolver las necesidades de los traductores (Gelpí, 2008). Destacan, de todos modos, iniciativas interesantes en la lexicografía especializada para promover herramientas adecuadas a las necesidades del traductor (por ejemplo, Gallego-Hernández 2014), pero los recursos existentes siguen teniendo una orientación onomasiológica, que implica una dificultad de acceso para el traductor.

About the author(s)

Cristina Gelpí is PhD in Catalan Studies (1997), graduated in Catalan Studies (1997) and graduated in Law (2007). She teaches legal and economic translation at the Faculty of Translation and Interpretation at Universitat Pompeu Fabra, Barcelona. Her research focuses on legal linguistics, Catalan studies and specialized lexicography. She has worked on the interaction between law, translation and lexicography, specifically in evaluating dictionaries, development tools for translating legal and treatment of equivalence in legal translation. His current research interests focus on
identifying the conceptual needs of legal translators who are not lawyers and determining ways of representing meaning in dictionaries for translators. Since she joined Universitat Pompeu Fabra
(1993) she has participated regularly in competitive research projects related to translation, terminology and lexicography. She supervises doctoral thesis and dissertations on Catalan legal language, legal translation and specialized lexicography in Catalan.

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